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Licencia por paternidad: en el país, una pausa con gusto a poco

Por ley son apenas dos días, el período más corto en toda la región.

Recien nacidoMartina Torres tiene 20 días. Es uruguaya, como sus padres, Marcelo y Jimena. Gracias a la legislación de ese país, Marcelo pudo estar en casa los primeros 10 días de vida de Martina.

“Fue una gran ayuda”, dice Jimena. Ese tiempo compartido fue posible porque a fines del año pasado el Congreso de Uruguay actualizó los períodos de licencia por nacimiento para los padres y llevó el descanso por maternidad a 14 semanas. Para los hombres, el permiso se ampliará paulatinamente. Al principio fueron seis días. Desde el 1° de enero de este año son 10, y el año próximo serán 13.

Ese período, más cercano a la recomendación médica y a la tendencia mundial, es un derecho que en la Argentina todavía no existe. La ley de contrato de trabajo estipula entre embarazo y posparto 90 días de licencia por maternidad, y dos por paternidad.

El número contrasta no sólo con los países más desarrollados, sino también con el resto de la región: la licencia de los hombres es la más corta de América del Sur y la de las mujeres está entre las más breves.

Y en lo respectivo a la licencia por maternidad, la que gozan las madres argentinas está en el fondo de la tabla de posiciones.

En comparación con sus vecinos, es la misma que se otorga en Perú y Bolivia; mientras que por debajo sólo quedan Ecuador y Paraguay, con 84 días. Por encima, Colombia, y recientemente Uruguay, prevé 98 días, lo que equivale a 14 semanas, que es el número mínimo que recomiendan tanto Unicef como la Organización Internacional del Trabajo. Todavía más ofrecen Brasil (120), Venezuela (182) y, finalmente, Chile, con 210 días mínimos disponibles de licencia laboral por maternidad.

Pero hay más. Además de los días mínimos de licencia, cada sistema normativo tiene sus vericuetos. En Chile, a la manera europea, existe un período de 12 semanas de licencia posterior que la mujer puede fraccionar y “compartir” con el padre del niño. En Uruguay, hasta que el bebe cumpla cinco meses, cualquiera de los padres tiene derecho a trabajar media jornada y en 2016 se ampliará hasta los seis meses, mientras que en Ecuador la madre tiene ese derecho hasta el primer año de vida del niño. Además, la ley ecuatoriana exige que cada empresa con más de 50 empleados cuente con una guardería.

Héctor Recalde, experto en derecho laboral y diputado nacional por el Frente para la Victoria, es autor de decenas de proyectos de ley que proponen mecanismos similares y/o extender las licencias para los padres, sin que ninguno de ellos haya prosperado, pese a la mayoría oficialista en el Congreso.

Sin embargo, Recalde no pierde el optimismo. “Hoy las licencias son muy cortas, y estamos muy lejos de los países nórdicos, pero hay que ir avanzando de a poco.”

El tema no es exclusivo del oficialismo. Sólo en 2014, presentaron proyectos el Frente de Izquierda, Unión por Córdoba, el Partido Socialista, el Frente Cívico, Libres del Sur, el Gen y la UCR. La mayoría propuso un plazo de 120 o 180 días de licencia para la madre, y entre 10 y 15 para el otro progenitor.

Tampoco se trata solamente en los pasillos del Congreso. Una campaña de recolección de firmas iniciada por Carolina Rubio en la plataforma Change.org, para llevar la licencia de las madres a seis meses y la de los padres a 15 días, alcanzó ya más de 51.000 apoyos.

El retraso de estas iniciativas a menudo provoca que muchos flamantes padres deban apelar a su creatividad para obtener más tiempo con sus hijos. Como es ilegal que la madre trabaje hasta 30 días antes de la fecha estimada de parto, muchas mujeres deciden entregar a sus jefes un certificado médico con una fecha posterior a la real y así trabajar más de lo permitido, y acumular tiempo para disfrutar con el bebe recién nacido.

Con los padres, la ley no es más benévola. Tienen dos días corridos de licencia, aunque coincidan con un fin de semana. En Bolivia y Paraguay la ley permite tres días hábiles; en Perú son cuatro; mientras que en Brasil y Chile se aseguran siete días de descanso. En Colombia, son ocho días hábiles y en Uruguay, 10 días continuos, pero en 2016 serán 13.

A la vanguardia marchan Ecuador y Venezuela, donde el descanso es de dos semanas completas, bastante más que los dos días corridos de la Argentina.

Sofía (32), en complicidad con su obstetra, “falseó” su certificado para tener a su primer hijo. Cuando agotó sus días de licencia mínima, pidió una extensión sin goce de sueldo por dos meses más. Después, tiene pensado usar un mes de vacaciones, y así completar los primeros seis meses de vida junto a León.

A la mayoría no le alcanza lo que le otorga la ley, salvo en los casos en que, gracias a que la relación con su jefe es muy cercana, o porque pertenecen a ciertos gremios, gozan de más tiempo.

Josefina (27) terminó su licencia, pidió una extensión por tres meses más y los combinó con las vacaciones de su empleo como maestra jardinera. Otra maestra, Milagros (31), hizo lo mismo, pese a que entre ellas no se conocen.

El nacimiento de Franco se atrasó 10 días, lo que le restó a su madre, Analía (35), tiempo para estar con él en los primeros meses de vida. Tiempo precioso. Ella quería asegurarse de darle a su hijo al menos los seis meses de lactancia exclusiva que recomiendan los médicos.

“Quería estar más con mi hijo. Pedimos a nuestros amigos que nos regalaran plata y no ropa de bebe, para llegar hasta los seis meses”, cuenta.

La presidenta de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), Ángela Gentile, subraya la importancia de la lactancia materna exclusiva durante esos meses iniciales.

“En los primeros seis meses es crucial. Es necesario que el binomio madre-hijo se genere en un ambiente sin presiones”, asegura. Gentile también cuestiona la licencia de dos días corridos para los padres, la más baja de América del Sur.

“DISTINTO”, PERO FUNDAMENTAL

“Pueden ser diez, quince o veinte días, pero dos no -advierte Gentile-. Aunque en distintos roles, ambos vínculos, el que el bebe establece con el padre y con la madre, son importantes. Deben construirse tempranamente”, expresa.

La doctora en psicología Inés Di Bártolo, profesora de la Universidad Católica Argentina (UCA), es una de las defensoras de la “teoría del apego”. “Lo que el bebe necesita es que estén conectados con él todo el tiempo. Su padre es una de las dos o tres referencias de su mundo”, explica.

Pablo se tomó 40 días de licencia tras el nacimiento de su hijo. Tuvo que utilizar francos y vacaciones acumuladas. Con su mujer creen que haber estado en esa primera etapa fue “fundamental”. Ambos son padres primerizos y hoy recomiendan a sus amigos varones que le dediquen “al menos un mes” al recién nacido.

“Aunque al volver a trabajar hubo días en que sentí que Sofi necesitó de mi ayuda, me parece que mi tiempo de licencia estuvo bien”, dice Guillermo Maschwitz, empleado bancario. Por su gremio, tuvo 10 días corridos de licencia, y como volvió a trabajar el 29 de diciembre, sumó feriados y disfrutó de Olivia durante casi dos semanas.

Francisco (31) y Esteban son dos padres que, aunque no se conocen, tienen más de una cosa en común. Ambos usaron días de sus vacaciones para estar con sus hijos recién nacidos, porque dos jornadas les parecieron poco.

Esteban aprovechó para acompañar a la madre, que estaba dolorida por el trabajo del parto. “Mi mujer me dice que esa semana mi presencia fue lo único que la ayudó a sostenerse”, relata. Muchas mujeres reconocen que los primeros días tras el parto son extenuantes, por los dolores físicos y el impacto emocional.

Ezequiel Baum le pidió a su jefe tres días de sus vacaciones que resultaron fundamentales, ya que su mujer pasó la misma cantidad internada por el esfuerzo del parto.

Cuando Ezequiel vio que más adelante le faltaría tiempo para criar a Nina, renunció a su trabajo y se dedicó a un proyecto independiente. Lo tiene claro, quiere ser un padre presente. Ya no existe el qué dirán que había hace veinte años. “Viví en Suecia y me gustó cómo hacen allá. No me daría pudor en absoluto tomarme seis meses para cuidar a mi hija junto a mi mujer, tener tiempo para trámites, ir al pediatra, recuperar el sueño o simplemente relevarla para que salga a distraerse”, asegura Ezequiel. Por ahora, la ley no le deja esa elección a él.

Fuente: Texto e ilustración publicados por LaNación.com (03/02/2015)

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